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José Watanabe: Me molesta cuando dicen “en este país todo es una mierda”, cuando lo correcto es “en mi país todo es una mierda”*

Publicado: 2015-04-25

Todos querían verlo, hablar con él, pedirle una dedicatoria, tomarse una foto. Oírlo en plena presentación de “La piedra alada” dejaba en claro que sus poemas son reflejo de un carácter meditabundo y solitario, y que pese a ello convocaba a lectores de todas las edades que, como niños esperando escuchar un cuento, se abstraían de todo lo exterior para dejar que cada verso se adhiera al pequeño mundo fantástico que forjamos en el hemisferio derecho. 

Y habla. Todos encantados. Los aplausos no son para felicitarlo, sino para agradecer el concierto que nos brindaron sus palabras.

Después de esperar a que el “Poeta de Laredo” se halle vulnerable (un segundo distraído), conseguimos una cita con él. Luego de llegar a un acuerdo y hacer algunas llamadas en días posteriores, logramos encajar en un espacio de su recargada agenda. “Vengan el jueves, a San Miguel a las cinco de la tarde”. Allí estuvimos.

¿Por qué escribe?

Escribo porque si no lo hago yo, nadie lo hará. No es que yo lo haga mejor, sino es que es una experiencia tan personal que no hay otra persona que lo pueda hacer, sino el propio autor.

Usted decía que el poeta es en cierto modo un neurótico…

Todos tenemos una pequeña dosis de neurosis, más o menos equilibrada. A mí me ocurre básicamente cuando escribo. La búsqueda de la perfección se da en todo, pero cuando uno escribe es más responsable con la perfección. Entonces, el nivel de neurosis sube un poquito. Cada época tiene su propia neurosis y su propio ideal poético. El ideal poético que yo mantengo desde años, es tratar de hacer poemas que sean lo más perfectos en la búsqueda de las palabras y en la búsqueda de la expresión.

¿Y nota esa neurosis en los jóvenes poetas de ahora?

Reconozco que existe otro tipo de poesía que practican los jóvenes, una manera más apresurada, más urgente, más Bukowski, y todo ello nace del modo de ser de las personas, no tanto de las influencias literarias, sino de la época, que es la que nos da un modo de ser.

Cuando se habla de usted, siempre se habla de un “poeta insular”. ¿Qué piensa al respecto?

Uno tiene distintas personalidades y comportamientos sociales –eso no es esquizofrenia, por si acaso–. Uno puede tener un ideal poético y perseguir ese ideal con distinta personalidad, pero ello no implica que uno se distraiga de las cuestiones sociales. La política de un poeta puede tener una expresión poética, pero también una expresión política como ciudadano. Los poemas son palabras que componen algo muy íntimo.

¿Y qué importancia tienen las palabras para usted?

Las palabras son todo, pero son un instrumento limitado. Siempre digo que los poetas debemos ser los primeros en desconfiar de las palabras porque la poesía, y esto es cierto, es mucho más que palabras. Ellas aprisionan una porción de poesía, pero la poesía es mucho más grande todavía.

EL POETA QUE VINO DE LAREDO

Hablemos de sus inicios. ¿Qué tanto influyó Laredo en su formación como poeta?

Yo siento que si no hubiese nacido en Laredo (un pequeño silencio) tal vez hubiese sido poeta también. Siempre hay un llamado, un impulso que nace con uno. Laredo me dio todas las imágenes que yo manejo en la poesía: cañaverales, campos, piedras, ríos. La naturaleza que yo conozco es la naturaleza de la Laredo. ¿Hubiese sido poeta si no hubiese nacido en Laredo?, supongo que sí, pero no haría el tipo de poesía que hago.

¿Cree que no todos pueden ser poetas?

Yo cada vez estoy convencido de que los poetas nacen. Hay una formación posterior, la cultura, la formación académica, pero yo creo que el impulso, lo que Octavio Paz denomina como “llamado interno”, eso ya uno mismo lo trae.

¿Cuándo se dio cuenta de ese llamado?

Yo empecé a escribir poemas cuando tenía 16 años, justo cuando murió mi padre. Sentí la necesidad de escribir algo sobre él, a expresar a través de las palabras el dolor que yo sentía. Muchas veces los mejores poemas nacen en los momentos más extremos de la vida. Parece que necesariamente tenía que ser poeta porque mi padre falleció en junio y mi primera enamorada en julio, de una trombosis coronaria. Entonces yo tenía dos muertes en un solo mes y por ellos busqué en la escritura mi terapia y de consuelo.

En su caso, ¿qué influencias tuvo en el inicio?

Yo solo tuve algunos textos escolares. Mi familia era muy modesta y no teníamos mucho acceso a los libros. El primer poemario que yo recuerdo haber amado realmente y leído, releído, y solo porque me gustaba fue La voz en ti debida de Pedro Salinas, poeta español de la Generación del 27.

GUIONES Y POESÍA

Pese a que su nombre suena con eco en cualquier encuentro de tono literario, pocos conocen sus aportes al cine peruano. Películas como “La ciudad y los perros”, “Maruja en el infierno” o “Alias La Gringa” son algunos de los largometrajes que se rodaron gracias a su talento como guionista.

“El trabajo que me da de comer es el de guionista. He escrito tanto para películas como para telenovelas, pero de estos últimos no me siento orgulloso. Yo empecé a escribir guiones casi por casualidad. Yo era cinemero, desde que mi padre nos llevaba a los cines de Laredo los fines de semana. Allí veía películas de Kurosawa y en Lima di mis pasos por el cine Virú, donde pasaban películas de arte, y es que era un cine en donde se pasaba cine comercial”.

“El primer guión que escribí fue casi por intuición, se llamó ‘Ojos de perro’, una película de corte sindical con Chicho Durán. Después me convertí en un guionista autodidacta y escribí el guión para “Maruja en el Infierno”, basada en la novela de Enrique Congrains, desde entonces ya sabía lo que era hacer un guión”.

¿Encuentra alguna relación entre los guiones y la poesía?

Escribir guiones no tiene que ver con escribir poesía, pero escribir poesía sí tiene que ver con escribir guiones. Cuando escribo un guion no pienso en poesía porque es hasta dañino. Puede convertirse en un guion demasiado lírico que no encaja. Pero cuando escribo un poema sí pienso en estructuras y un guion es básicamente una historia estructurada. Cuando se me ocurre una idea poética y me pongo a escribirla, ya sé cuál será la secuencia, la progresión del poema.

¿Cuál es su proceso de escritura?

¿Por qué cree que tiene preferencia entre los jóvenes? 

¿Siempre escribe por las noches? 

Lee el resto de la entrevista aquí. 

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* Esta entrevista fue publicada en el año 2005, en la revista cultural Casa de Asterión, con motivo de la publicación de “Piedra alada”, poemario de quien es y será siempre uno de los mejores poetas del Perú.


Escrito por

literalgia

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