dialoga en Lima y en Loreto

Fiestas Patrias: trece bellos poemas dedicados al Perú

Publicado: 2015-07-28

Muchos están de acuerdo en que Perú es un país de poetas y así lo demuestran nuestros grandes representantes como César Vallejo, José María Eguren, Martín Adán, Jorge Eduardo Eielson, Antonio Cisneros, Juan Gonzalo Rose, Marco Martos, entre muchos otros. La lista es interminable.

Varios de estos peruanos, en la historia de nuestra poesía, han dedicado algunos poemas a nuestro país, ya sea directamente, o poniendo a nuestro país o a los peruanos entre sus versos.

Por eso, hemos hecho esta lista arbitraria, omitiendo desde luego los miles de versos cursis o colegiales que nunca faltan. Sin más preámbulos, aquí van:


El Perú

Autor: Marco Martos


No es este tu país

porque conozcas sus linderos,

ni por el idioma común,

ni por los nombres de los muertos.

Es este tu país,

porque si tuvieras que hacerlo,

lo elegirías de nuevo

para construir aquí

todos tus sueños.


Héroe del pueblo

Autor: Washington Delgado


Yo construyo mi país con palabras,

digo cielo cuando miro el cielo

digo luz, agua, corazón y lo demás ignoro.

El silencio es profundo pero amo las alturas.

Hombres son y mujeres los que alumbran mis ojos

y ni voz está con ellos como el aire en que viven.

No me importa la muerte si es justo mi combate.

Por el amor no por el odio he de sobrevivir.

Yo canto en las matanzas, yo bailo

junto al fuego, yo construyo

mi país con palabras.


El bosque de los huesos

Autor: Luis Hernández


Mi país no es Grecia,

Y yo (23) no sé si deba admirar

Un pasado glorioso

Que tampoco es pasado.

Mi país es pequeño y no se extiende

Más allá del andar de un cartero en cuatro días,

Y a buen tren.

Quizá sea que ahora yo aborrezca

Lo que oteo en las tardes: mi país

Que es la plaza de toros, los museos,

Jardineros sumisos y las viejas:

Sibilinas amantes de los pobres,

Muy proclives a hablar de cardenales

(Solteros eternos que hay en Roma),

Y jaurías doradas de marocas.

Mi país es letreros de cine: gladiadores,

Las farmacias de turno y tonsurados,

Un vestirse los Sábados de fiesta

Y familias decentes, con un hijo naval.

Abatido entre Lima y La Herradura

(El rincón Hawai a diez kilómetros

De la eterna ciudad de los burdeles),

Un crepúsculo de rouge cobra banderas,

Baptisterios barrocos y carcochas.

Como al paso senil del bienamado, ahora llueve

Una fronda de estiércol y confeti:

Solitarios son los actos del poeta

Como aquellos del amor y de la muerte.


Todo esto es mi país

Autor: Sebastián Salazar Bondy


Mi país, ahora lo comprendo, es amargo y dulce;

mi país es una intensa pasión, un triste piélago, un incansable manantial

de razas y mitos que fermentan;

mi país es un lecho de espinas, de caricias, de fieras,

de muchedumbres quejumbrosas y altas sobre heladas;

mi país es un corazón clavado a martillazos,

un bosque impenetrable donde la luz se precipita

desde las copas de los árboles y las montañas inertes;

mi país es una espuma, un aire, un torrente, un declive florido,

un jardín metálico, longevo, hirviente, que vibra

bajo soles eternos que densos nubarrones atormentan;

mi país es una fiesta de ebrios, un fragor de batalla, una guerra civil,

un silencioso páramo cuyos frutos son jugosos,

un banquete de hambres, un templo de ceremonias crueles,

un plato vacío tendido hacia la nada,

un parque con niños, con guitarras, con fuegos,

un crepúsculo infinito, una habitación abandonada, un angustiado grito,

un vado apacible en el cual se celebra la vida;

mi país es un sepulcro en medio de la primavera,

una extraña silueta que abruma con su brillo la soledad,

un anciano que camina lentamente, un ácido que horada los ojos,

un estrépito que apaga todas las músicas terrenales,

un alud de placeres, un relámpago destructor, un arrepentimiento sin culpa.

un sueño de oro, un despertar de cieno, una vigilia torva,

un día de pesar y otro de risa que la memoria confunde,

un tejido de lujo, una desnudez impúdica, una impaciente eternidad;

mi país es un recuerdo y una premonición, un pasado inexorable

y un porvenir de olas, resurrecciones, caídas y festines;

mi país es mi temor, tu ira, la voracidad de aquel,

la miseria del otro, la defección de muchos, la saciedad de unos cuantos,

las cadenas y la libertad, el horror y la esperanza, el infortunio y la victoria,

la sangre que fluye por las calles hasta chocar con el horizonte

y de ahí retorna como una resaca sin fin;

mi país es la mujer que amo y el amigo que abrazo tan sólo por amigo,

el extraño que te sorprende con su odio y el que te da la mano porque quiere;

mi país es la ventana a través de la cual miro la tarde,

la tarde que cae con sus ramos de melancolía en mi pecho,

y el agua matinal con que limpio mis pupilas de imágenes sucias,

el aire que respiro al salir de mi casa cada día,

y la gente que se precipita conmigo a los quehaceres sin sentido,

el trabajo, la fatiga, la enfermedad, la locura, el pensamiento,

la prisa, la desconfianza, el ocio, el café, los libros, las maldiciones;

mi país es la generosa mesa de mi casa y los rostros familiares

donde contemplo la marea incansable de mi dicha,

el cigarrillo que consumo como una fe que se renueva

y el perro cuya piel es cálida como su amistad; mi país son los mendigos y los ricos, el alcohol y la sed,

la aventura de existir y el orden en que elijo mis sacrificios;

mi país es cárcel, hospital, hotel, y almacén, hogar, arsenal;

mi país es hacienda, sembrío, cosecha;

mi país es escasez, sequía, inundación;

mi país es terremoto, lluvia, huracán;

mi país es vegetal, mineral, animal;

mi país es flexible, rígido, fluido:

mi país es líquido, sólido, inestable;

mi país es republicano, aristocrático, perpetuo;

mi país es una cuna, tumba, lecho nupcial;

mi país es indio, blanco, mestizo:

mi país es dorado, opaco, luminoso;

mi país es amable, hosco, indiferente;

mi país es azúcar, tungsteno, algodón;

mi país es plata, nieve, arena;

mi país es rudo, delicado, débil y vigoroso, angelical y demoníaco;

mi país es torpe y perfecto;

mi país es enorme y pequeño;

mi país es claro y oscuro;

mi país es cierto e ilusorio;

mi país es agresivo y pacífico;

mi país es campana,

mi país es torre,

mi país es isla,

mi país es arca,

mi país es luto,

mi país es escándalo,

mi país es desesperación,

es crisis, escuela, redención, ímpetu, crimen,

y lumbre, choque, cataclismo,

y llaga, renunciación, aurora,

y gloria, fracaso, olvido;

mi país es tuyo,

mi país es mío,

mi país es de todos,

mi país es de nadie, no nos pertenece, es nuestro, nos lo quitan,

tómalo, átalo, estréchalo contra tu pecho, clávatelo como un puñal,

que te devore, hazlo sufrir, castígalo y bésalo en la frente,

como a tu hijo, como a un padre, como a alguien cansado que acaba de nacer,

porque mi país es,

simple, pura e infinitamente es,

y el amor canta y llora, ahora lo comprendo, cuando ha alcanzado lo imposible.


Blasón

Autor: José Santos Chocano


Soy el cantor de América autóctono y salvaje:

mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.

Mi verso no se mece colgado de un ramaje

con vaivén pausado de hamaca tropical...

Cuando me siento inca, le rindo vasallaje

al Sol, que me da el cetro de su poder real;

cuando me siento hispano y evoco el coloniaje

parecen mis estrofas trompetas de cristal.

Mi fantasía viene de un abolengo moro:

los Andes son de plata, pero el león, de oro,

y las dos castas fundo con épico fragor.

La sangre es española e incaico es el latido;

y de no ser Poeta, quizá yo hubiera sido

un blanco aventurero o un indio emperador.


Patria pobre

Autor: Manuel Scorza


Yo conocí en mi patria sólo rostros vacíos,

hombres de mirada prematuramente cana,

balnearios de hueso

donde antes de tiempo veraneaba la muerte.

Yo sólo recuerdo ojos en la niebla

Así era mi padre:

un hombre que miraba la lejanía

como si él mismo estuviera por venir;

así son los que en mí caminan cuando duermo,

así son los hombres, las cárceles, los pueblos.

Yo no conocía el rostro de mi patria.

Tuvo que caérseme el corazón a un pozo;

tuve que verla con su cartel de ciego en los suburbios,

tuve que oírla llorar de miedo en las prisiones,

para comprender que la patria

era quien me dolía bajo tanto dolor.

Porque no es cierto que en mi patria

crezca una flor de espuma inmóvil,

no es cierto que el crepúsculo

coma en la mano azul de las muchachas.

Yo sólo vi pueblos ojerosos,

sementeras de gritos,

gemidos tan grandes

que ni por las calles más largas podían pasar.

Yo no tengo tardes fulgurantes

ni muchachas risueñas de amor.

Yo apenas recuerdo un país tan pobre,

que ni en el ocaso da sombra.


Patria tristísima

Autor: Manuel Scorza


Ay, Perú, patria tristísima.

¿De dónde sacaron los poetas sus pájaros

(transparentes?

Yo sólo veo dolor,

yo, únicamente amargas cocinas,

yo, puramente platos vacíos,

a mí solamente sálenme espinas,

sálenme lobos del pecho abierto.

¿En dónde no estuvo la tiranía,

la frente arrasada, el pétalo impotente?

¡Hasta en las más dulces frutas

hallé carbones encendidos!

Ay, Perú, patria tristísima.

Si yo llamara al padre

y al padre padre hasta el padre más antiguo

para que me mostrara la dicha,

toda la felicidad que aquí sonó

cabría en un pañuelo.

Oyeme, patria:

yo como tú estoy hecho con el metal del humillado.

En las sierras se muerden la nieve

hombres amargos como yo;

en las aldeas tropiezan con su pecho

hombres heridos como yo;

en pueblos pálidos se buscan entre las cáscaras

desgraciados como yo.

¡Ah, qué tristeza!

Cuando yo era niño,

veía el crepúsculo agitar sus crueles alas

sin saber que buscaba mi boca para gemir,

pero fui llenándome de cuervos,

mi vida fue cubriéndose de dientes:

ahora soy el dolor de esta tierra quebrada.

No me traigan alondras, ni manzanas.

No se puede apagar con saliva mi pueblo ardiendo,

no se puede pegar con palomas mi patria rota,

ni América en pedazos, mi amor, mi agonía.


Telúrica y magnética

Autor: César Vallejo


¡Mecánica sincera y peruanísima

la del cerro colorado!

¡Suelo teórico y práctico!

¡Surcos inteligentes; ejemplo: el monolito y su cortejo!

¡Papales, cebadales, alfalfares, cosa buena!

¡Cultivos que integra una asombrosa jerarquía de útiles

y que integran con viento los mujidos,

las aguas con su sorda antigüedad!

¡Cuaternarios maíces, de opuestos natalicios,

los oigo por los pies cómo se alejan,

los huelo retomar cuando la tierra

tropieza con la técnica del cielo!

¡Molécula exabrupto! ¡Atomo terso!

¡Oh campos humanos!

¡Solar y nutricia ausencia de la mar,

y sentimiento oceánico de todo!

¡Oh climas encontrados dentro del oro, listos!

¡Oh campo intelectual de cordillera,

con religión, con campo, con patitos!

¡Paquidermos en prosa cuando pasan

y en verso cuando páranse!

¡Roedores que miran con sentimiento judicial en torno!

¡Oh patrióticos asnos de mi vida!

¡Vicuña, descendiente

nacional y graciosa de mi mono!

¡Oh luz que dista apenas un espejo de la sombra,

que es vida con el punto y, con la línea, polvo

y que por eso acato, subiendo por la idea a mi osamenta!

¡Siega en época del dilatado molle,

del farol que colgaron de la sien

y del que descolgaron de la barreta espléndida!

¡Angeles de corral,

aves por un descuido de la cresta!

¡Cuya o cuy para comerlos fritos

con el bravo rocoto de los temples!

(¿Cóndores? ¡Me friegan los cóndores!)

¡Leños cristianos en gracia

al tronco feliz y al tallo competente!

¡Familia de los líquenes,

especies en formación basáltica que yo

respeto

desde este modestísimo papel!

¡Cuatro operaciones, os sustraigo

para salvar al roble y hundirlo en buena ley!

¡Cuestas in infraganti!

¡Auquénidos llorosos, almas mías!

¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo,

y Perú al pie del orbe; yo me adhiero!

¡Estrellas matutinas si os aromo

quemando hojas de coca en este cráneo,

y cenitales, si destapo,

de un solo sombrerazo, mis diez templos!

¡Brazo de siembra, bájate, y a pie!

¡Lluvia a base del mediodía,

bajo el techo de tejas donde muerde

la infatigable altura

y la tórtola corta en tres su trino!

¡Rotación de tardes modernas

y finas madrugadas arqueológicas!

¡Indio después del hombre y antes de él!

¡Lo entiendo todo en dos flautas

y me doy a entender en una quena!

¡Y lo demás, me las pelan!...



Perú en alto

Autor: Alejandro Romualdo


Según mi modo de sentir el fuego

soy del amor, sencillamente ardiendo.

Según mi modo de sufrir el mundo

soy del Perú, sencillamente siendo.

Tierra de sol, marcada al negro vivo,

llorando sangre por los poros, sombra

a media luz del bien: a media noche

del día por venir ¡Yo estoy contigo!

Golpe, furia, Perú: ¡Todo es lo mismo!

Saber, a ciencia incierta, lo que somos,

buscando, a media luz, otro destino,

con todo el cielo encima de los hombros.

Por eso quiero alzarte, recibirte

con los besos abiertos,

junto a la luz,

ardiendo de alegría.


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Escrito por

literalgia

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